No sé por qué mi mente tiene esta costumbre.
Imaginar, imaginar, imaginar.
Amar, amar, amar... El paraíso es un lugar.
Esa costumbre de idealizar, de proyectar un mundo (universo) paralelo,
en donde todo sale tal cual lo sueño.
Me veo. Nos veo.
Vos, mujer adulta, sentada en un sillón y un cigarrillo en tu mano.
El humo se dispersa y crea figuras rimbombantes.
Afuera el día nos regala una mañana gris, pícaras gotas quieren caer, pero no se animan.
La música no para de sonar nunca. Siempre música, siempre sonido. Siempre movimiento.
En el televisor se proyecta nuestra película favorita.
Siempre te gustó mi forma de hacer café.
Te sirvo uno.
Me siento.
Prendo un cigarrillo.
Nos miramos, de la forma que sólo vos y yo sabemos hacerlo.
(y que ya empezamos a sentir), y sin decirnos nada, entendemos todo.
Tus ojos piden a gritos bailar.
Tu boca desea ansiosa bailar.
Tu cuerpo quiere (necesita) bailar.
Mis ojos piden a gritos hacerte bailar.
Mi boca desea ansiosa hacerte bailar.
Mi cuerpo quiere (necesita) hacerte bailar.
Y bailamos.
La pasión se desata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario