8 nov 2013

Pensamientos como sombras.

Apreté las manos contra el cuero del volante, dejando que éste chirriase bajo el sudor que acumulaba en ellas. Llevaba bastantes horas conduciendo, pero… para mi es rutina.
Siempre me ha gustado manejar, incluso de madrugada. De hecho, especialmente de madrugada. El reloj luminoso no marcaba más de las 4.
Y por un momento la sintió. Como si una ráfaga de viento helado hubiera entrado en el coche, noté aquella vertiginosa sensación que siempre quería evitar.
Sacudí la cabeza, buscando despejarme, pero no lo conseguí.
"Ella no está, y no va a volver"

No pude evitar sonreír con la vista clavada en la carretera.
Es increíble cómo algo tan pequeño como una sílaba me puede provocar tantas emociones, y tan contradictorias.

Me permití susurrar su nombre en un suspiro, como si fuera un secreto que llevaba demasiado tiempo queriendo gritar.
Hay pocas cosas que me lamento no haber podido hacer a lo largo de mi vida… pero la peor y la que más me pesa es no haber hablado con ella cuando era necesario.
Aquella noche, con el famoso ''discurso de la última noche'' creía habérselo dejado ver, pero ella jamás me defraudó con su testarudez, y me dejó con la palabra en la boca.
Cuando la tuve entre mis brazos, todo a nuestro alrededor era sangre y oscuridad. Supe que ella lo sabía, y que sentía la misma impotencia que yo al mirar aquellos ojos castaños y saber que no volvería a verlos. Y por último en aquella fría habitación…
Aun así, una pequeña parte de mi mente no descarta la idea de acercarse a un cruce y tener una charla con algún que otro demonio... Pero de momento, tengo otros planes…

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